“La noche en blanco”

¿Cuántas veces os habrá pasado que os metéis en cama y nos sois capaces de dormir? Dais vueltas y más vueltas, y no hay manera. En ese momento no tienes ningún pensamiento en la cabeza que te preocupe, pero de repente, son muchos los pensamientos que se agolpan y te paralizan, convirtiéndose en preocupación cuando en el momento de meterte en la cama no lo eran.

No entiendes por qué parece como si ese fuera el momento de mayor lucidez que has tenido en todo el día, cuando tu único deseo es dormir. Los pensamientos fluyen a toda velocidad, y tu cabeza salta de una temática a otra sin poder controlarlos. Te da tiempo a repasar mentalmente casi lo que has hecho en una vida; a buscar explicación a muchos de los sucesos de tu día a día; a reflexionar sobre por qué eres de una manera o actúas de otra… Y tú solo miras el reloj, y cuentas las horas que te quedan de sueño. Empieza una cuenta atrás que te desespera todavía más, y añade una preocupación a ese revoltijo que hay en tu cabeza. “¿Y si no logro quedarme dormida?, ¡Mañana no rendiré en el trabajo!, ¡Me quedaré dormida para ir a trabajar!…” E incluso esa idea de poder quedarte dormida para acudir a tu puesto de trabajo, no vale más que para ponerte más nerviosa, e impedir nuevamente tu descanso.

En ese momento, enciendes la luz, con resignación… Coges un libro, lees un rato esperando caer rendida sobre las páginas de tu libro de cabecera, libro que además lleva meses en tu mesilla de noche. Y no sabes por qué, curiosamente esa noche hasta lo encuentras interesante. Te enganchas, y te tiras un montón de tiempo leyendo.

Apagas de nuevo la luz. Y pronto vuelven a aparecer todos los pensamientos que inundan tu cabeza. Decides, encender de nuevo. Esa noche te has llevado el portátil para la habitación, decides encenderlo y sacar provecho a tu desvele, y te pones a escribir un artículo para ver si plasmando, al menos, parte de los pensamientos que se agolpan en tu cabeza, consigues conciliar el sueño.

Quedan 5 horas. Vuelves a apagar la luz.

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3 Respuestas a ““La noche en blanco”

  1. Me ha pasado alguna vez, y tengo que decirte que a veces estas noches son necesarias para encontrar un poco de luz al día siguiente y ver las cosas de otra manera, aunque…otras veces sólo sientes una falta de sueño y de descanso brutal 😉

    Biquiños!

    L.

  2. A mí, lo que me funciona desde hace años, es la radio. Pero , ¡ojo!, escuchar cualquier “rollo hablado” (no música), cuando apago la televisión y decido ponerme a dormir.
    Debe ser que las palabras me van durmiendo poco a poco e infinidad de días no recuerdo nada de lo que empecé escuchando.
    Prueba si quieres…..

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