“Quiero…”

(Instrucciones de uso: 1- Dale al play. 2- Disfruta de la música mientras lees la poesía)

 

“Quiero que me oigas, sin juzgarme.

Quiero que opines, sin aconsejarme.

Quiero que confí­es en mi, sin exigirme.

Quiero que me ayudes, sin intentar decidir por mi.

Quiero que me cuides, sin anularme.

Quiero que me mires, sin proyectar tus cosas en mi.

Quiero que me abraces, sin asfixiarme.

Quiero que me animes, sin empujarme.

Quiero que me sostengas, sin hacerte cargo de mi.

Quiero que me protejas, sin mentiras.

Quiero que te acerques, sin invadirme.

Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten,

que las aceptes y no pretendas cambiarlas.

Quiero que sepas, que hoy, hoy podés contar conmigo.

Sin condiciones.”

(Jorge Bucay, “Cuentos para pensar”)

 

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Otra manera de vivir

En estos tiempos que corren de crisis, carencia de recursos y graves dificultades económicas para muchos, he de reconocer que gran parte de mis pensamientos se dirigen hacia el mismo tema: buscar otras formas de vida.

Desde pequeños nos educan, al menos en el occidente que yo conozco, con profundas ideas materialistas. Nos hacen creer que el dinero o tener muchas cosas nos va a hacer más felices. Temo caer en tópicos, pero desde mi experiencia puedo afirmar que no, para nada el dinero da la felicidad, y las cosas materiales tampoco, siempre y cuando tengas las necesidades básicas cubiertas.

Como todos, he pasado etapas más bollantes en mi vida, y para nada encontré una relación directa entre mi felicidad y la cantidad de cosas que poseía. Es más, me atrevería a decir, que la relación es casi inversa. La época en que más de todo he tenido ha sido porque tenía dos trabajos, y por aquel entonces no tenía ni tiempo para gastar el dinero que ganaba… Creo que en otra de mis reflexiones, he confesado que nunca me han gustado las tiendas, con lo que nunca fui demasiado consumista, pero no tenía ni tiempo para gastarlo con los que me importan, pues estaba demasiado cansada…

A pesar de no considerarme una persona especialmente materialista, la educación recibida desde siempre, no solo por mis padres, sino por todo el entorno, deja una huella y unas formas de vida en las que lo material tiene bastante relevancia. De todo eso, de todo lo que no me gusta, de todo aquello que he absorbido y no me convence como forma de vida, estoy intentando deshacerme.

Pronto cambiaré de década, y quizá todas estas reflexiones vengan a cuento de eso. ¿Será la crisis de los 30? Sinceramente, no lo creo. Pero aunque así fuere, si sirve para sentirme más plena y más persona, ¡bienvenida sea! Si sirve para educar a futuras generaciones con una idea de vida un tanto diferente donde la búsqueda de la plenitud sea diferente, donde la realización personal sea más importante que alcanzar un status social, ¡adelante! ¡Sigamos en crisis!

¿Será todo provocado por el cambio social tan importante que estamos viviendo (a pesar de que algunos todavía se nieguen a verlo)? Quizá. Me inclino más por pensar que la época que estamos viviendo, el entorno en el que me muevo, y la gente interesante que me encuentro en el camino, son las principales cosas que me hacen pensar en una nueva forma de vivir.

Vivir con poco, es fácil. Ser feliz con poco, cuesta un poco más. Pero con trabajo interior, con la búsqueda de paz y de cosas no materiales que te completen, se acaba consiguiendo. Personalmente me estoy dedicando más tiempo a mi misma, a mi cuerpo, a mi mente y a encontrar el equilibrio entre los dos. Eso y no “una tele nueva”, te acercan mucho más al camino de la felicidad. Vive el día a día como si no hubiera otro amanecer, cuesta un montón, lo sé. Con frecuencia se te olvidará, pero si tienes esta filosofía de base, seguro te ayudará a disfrutar más de las cosas y darle importancia a lo que realmente la tiene.

Pequeños gestos, grandes logros

Un tema que me preocupa últimamente más que antes es el consumo. El consumo responsable.

 Es obvio que todos somos consumidores en potencia, pero, ¿queremos que decidan por nosotros qué tipo de consumidor somos? De una forma o de otra, viviendo en la sociedad que vivimos todos necesitamos consumir, consumimos muchas cosas, pero ¿somos conscientes de qué, cómo y cuánto estamos consumiendo?

 Necesitamos muchos recursos, menos de los que nos hacen creer, es verdad. Pero vamos a ver, ¿quien no necesita luz en casa? Gas? Quien vive a día de hoy sin teléfono? Vamos simplemente a los alimentos, o la ropa… Bien, estaremos de acuerdo en que todos los necesitamos, pero ¿necesitamos tener encendida la tele si estamos con el ordenador? O dejar las luces de la casa encendidas mientras estás en la cocina? Necesitamos tener un modelito para cada día de la semana? Pues no. A esas pequeñas cosas me refiero cuando intento hablar de consumo responsable. Está claro que es muy difícil cambiar los hábitos totalmente de un día para otro (A mi la primera!), pero poco a poco podemos ir modificando cosas.

 Yo este año he decidido por ejemplo, no pisar las rebajas. Lo primero que hice es pensar, ¿necesito realmente algo? Y he llegado a la conclusión de que no. Así que no voy a pisar ni una tienda en rebajas, porque como profesionales que son, saben muy bien como incitarnos al consumo, y una es de carne y hueso, claro está. La realidad es que en este aspecto tengo suerte, no me cuesta esfuerzo, ¡siempre he odiado ir de compras!

 Vamos más allá. Queremos que dejen de desaparecer pequeños comercios absorbidos por la inmensa potencia de las grandes superficies? Prueba a dar un vuelta por tu barrio, seguro que encuentras algo de tu gusto. Hay un montón de tiendecitas que por culpa de esos grandes monstruos comerciales que han montado, pasan desapercibidas a nuestros ojos, y en el momento que les prestamos un mínimo de atención, descubrimos un mundo estupendo de cosas, y por supuesto un trato mucho más amable y personalizado. ¿Por qué nos hacen creer que es mucho mejor tener 20 cosas iguales de un euro, que a lo mejor 2 de 10 euros? CONSUMISMO! Puro consumismo!

 Otra cosa que he descubierto hace muy poquito, de la que espero poderos hablar más en profundidad otro día son las Redes de Trueque, los Bancos del tiempo. En éstos, hay detrás una idea de recuperación de la comunidad y de colaboración entre personas muy importante. Pero ya hablaré de ellos con más detenimiento. En esta ocasión lo que quería destacar venido a cuento del consumismo, es el trueque. Todos tenemos en nuestras casas, muchísimas cosas que no necesitamos, que no utilizamos y que están como nuevas. Basta ponerte a pensarlo un momento. Bien, pues esas cosas, siempre en buen estado, pueden ser intercambiadas con otras personas que las pueden necesitar y tener a su vez cosas que a ti te vengan bien.

 Yo tuve recientemente mi primera experiencia con A Rede de Troco de A Coruña. Y quedé encantada de la vida! A parte de pasar un rato muy agradable, y conocer a gente muy interesante, puse mi granito de arena con algunas cosillas que tenía por casa como nuevas, y me traje otras tantas para mí. La verdad que fue una experiencia que me hizo pensar más y con más detenimiento sobre la “red de consumo” en la que nos han ido metiendo en esta sociedad en la que vivimos. Pero a la vez, me ha hecho darme cuenta de que con pequeños gestos de cada uno, podemos cambiar muchas cosas…

 No es gran cosa, pero si somos muchos los que vamos cambiando la forma de pensar y la forma de actuar, aunque sea con estos pequeños detalles, estoy convencida de que conseguiremos lo que nos propongamos.

(Me han quedado muchos aspectos por tratar, sobre los que todos podemos reflexionar, pero ya habrá más artículos comentando mi evolución anti-consumo innecesario…)

Inutilidad funcional

El otro día, como tantos me paré a pensar en qué tipo de vida llevamos hoy en día. En qué cosas son las que nos hacen pasar el tiempo; y he llegado a la conclusión de que cuanto más tiempo pasa, más inútiles nos volvemos.

Estamos llegando a un punto en la gente sobre todo de mi generación, y peor aun, las generaciones venideras, somos unos auténticos “inútiles funcionales”.

¿A qué me refiero? Pues parémonos un momento a pensar en cómo es nuestra vida, día a día y en qué tenemos alrededor, y como hacemos uso de ello. Vivimos pegados a la tecnología, si no es por una cosa es por otra; mezclamos el trabajo, con el ocio y con el placer, y lo peor es que si nos quitan la tecnología de golpe, parece que ya no sabemos disfrutar de las cosas.

El otro día me planteaba, ¿cómo sería mi vida en la actualidad sin tanto aparato alrededor? Porque si no es una tele, es un ordenador (por supuesto conectado a internet), o una consola o un teléfono móvil. Imaginaros por un momento que os quitan todo esto… Mi reflexión comenzó pensando en el uso del telefonillo, sí, del portero automático. ¿Hace cuánto que no os timbra algún amigo en el portero automático de manera inesperada? ¿Dónde se han quedado esas relaciones en nuestra vida diaria?

A día de hoy, a mí si me suena el portero, ya nunca pienso que sea por mi… Pienso que vienen a arreglar el ascensor, a meter publicidad en el buzón o a intentar venderme algo. ¿Cómo hemos llegado a este punto? Pues creo que en gran parte por culpa de la tecnología (o del mal uso que hacemos de ella).

Volvamos al tema de la “inutilidad funcional”. ¿Qué pasa si no te funciona el teléfono de casa, si no te va internet o si el móvil se te ha quedado sin batería? Pues que ya no sabes qué hacer. ¿Dónde ha quedado el simplemente quedar con un amigo en un sitio a una hora, y aparecer? O la improvisación de aparecer en casa de alguien porque pasabas por allí… Parece que ahora tenemos que calcular hasta el último minuto, vivimos contrarreloj, y el simple hecho de aparecer es un riesgo que no estamos dispuestos a correr. ¡Pero si después desperdiciamos horas en las redes sociales, por ejemplo! ¿Qué nos ha hecho cambiar de esta manera? Y peor aun, ¿qué ha hecho que al final estemos deseosos de irnos al medio del monte y deshacernos de todo esto que nos tiene “atados”? Recordemos por un momento que la tecnología nunca podrá sustituir cosas imprescindibles de la vida que solo podemos darnos las personas, como un abrazo en ese momento que tanto lo necesitas, unas palabras de apoyo o una simple sonrisa.

¿Por qué no tomamos las riendas de nuestras vidas, y vivimos como realmente queremos vivir sin permitir que nos manipulen y generen en nosotros nuevas necesidades que antes no teníamos? ¡Recuperemos el contacto, la relación y el vínculo entre las personas y dejémonos de tanto materialismo tecnológico!

(Este vídeo del genial Quino, me lo han enviado hoy casualmente, y creo que refleja muy bien parte de lo que hablo en el artículo)