Responder a la amargura con comprensión

Llegas a tu nuevo puesto de trabajo, nueva, pero no tan nueva. Tu experiencia te acompaña, tu carácter y tu buen hacer están ahí contigo. Eres una persona que disfruta del trabajo en equipo, a la que le gusta acompañar y ser acompañada. Pero al llegar a ese nuevo sitio te topas con un muro, con la independencia, con el carácter personificado y la rigidez. Tu recibimiento no es bueno, y con el paso de los días la situación no mejora. Te das cuenta de que la nueva persona que está a tu lado debe tener una vida muy vacía, muy triste y, hasta me atrevería a decir que, solitaria. Te propones llegar a esa persona, alcanzar una convivencia sana, un respeto mutuo y un agradable clima laboral. Te dan un palo. Otro palo. En poco tiempo lo ves difícil, muy difícil. Te das cuenta de que va a ser un camino largo y duro, pero te propones no rendirte, y sabes en el fondo que de una forma o de otra, lo acabarás logrando.

Te sientes sola, muy sola, pero frente a tal ramarguraechazo, malas palabras o incluso el vacío decides que la mejor opción va a ser mantener la serenidad y la comprensión. En el fondo comienzas a sentir pena por esa persona, debe ser muy duro vivir tan amargada, y dedicar tu vida a amargar la de los demás. ¿Qué problemas habrá detrás? Muchos, no tengo duda. Pero qué satisfacción puedes obtener de causar el sufrimiento ajeno? ¿No sentirte tan solo en tu oscuro mundo? No tengo estas respuestas, no soy así. No lo puedo entender ni compartir. Sólo sé que una personas que vive así las 24h tiene que ocultar unos problemas vitales serios, y a mi me tocará aprender a convivir con ellos, tratar de mostrar mi lado más humano y comprensivo en los peores momentos e intentar con todas mis fuerzas no perder la sonrisa ni la paciencia. ¡Respeto! ¡Comprensión! ¡Convivencia! ¿Soy yo o son palabras muy bonitas, y que no deberían ser tan complicadas de conseguir?

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