Y llegó la Navidad…

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Mis amigas siempre me dicen que soy como El Grinch, y razón no les falta. Cómo no sentirse o apoyar a un personaje cuyas características principales son la crítica por el consumismo y el materialismo predominante en estas fechas, olvidando los motivos espirituales originarios de las mismas!

Pues sí, soy El Grinch y además atea, con lo que en estas fechas no siento que tenga nada en absoluto que celebrar, al contrario… Me revuelve ver la idiotez humana incrementada día a día, la manipulación de los medios de comunicación y el borreguismo de una amplia mayoría de la sociedad, que se deja influenciar por las luces artificiales de colores que iluminan las noches de la ciudad sólo para decirte, ¡consume, es Navidad! ¡No hace falta tener conciencia estos días! ¡Tira la casa por la ventana y come como un animaliño, como si no hubiera mañana!

Eso sí, en cuanto llegue el día 31, replanteate tu vida, márcate unos buenos propósitos de año nuevo, y promete que a partir de ahora serás mejor persona, comerás de forma saludable y te apuntarás al gimnasio… Puagh!

Mi propósito de año nuevo es seguir siendo yo misma, preocupándome de las cosas que de verdad importan, tratando de ser feliz con poco y hacer felices a los de mi alrededor con cariño y comprensión. Tratando de ser consecuente todos los días del año, pero sin fustigarme si un día flaquean las fuerzas y no lo soy, porque como leí hace poco “lo bueno de ser libre es que te puedes permitir no ser coherente por un día”.

¿Tú también eres un poco Grinch? Pues comparte esta breve reflexión a ver si conseguimos remover alguna conciencia 😉

 

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Mitos sobre el ahorro energético en el hogar

En torno al ahorro de energía en el hogar hay mitos que han calado entre la población, hasta aceptarse por el imaginario colectivo como veraces. Sin embargo, muchas de esas premisas no se ajustan a la verdad. Y es que, al contrario de lo que esgrimía Goebels acerca de que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”, en el ámbito del ahorro, al final, los números se imponen.
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Un estudio de principios de año realizado entre el IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía) y Eurostat resalta la importancia del ahorro energético en el ámbito familiar. El informe refleja que los hogares españoles consumen el 17% de toda la energía final y el 25% de la electricidad, con un gasto medio anual por hogar que alcanza 990 euros.
Según la Agencia Internacional de la Energía, el potencial de ahorro de los hogares españoles es de 19.611 GWh, una cantidad que permitiría iluminar todos los hogares españoles durante un año. De ahí la pertinencia de desterrar ideas contrarias al ahorro y que dañan además el medio ambiente. Estas son algunas de esas falsas ideas que no ayudan a ahorrar.
1. Lavar a mano los platos consume menos que el lavavajillas: falso
Diversos estudios avalan el uso del lavavajillas frente al lavado de platos tradicional. Un informe del Canal de Isabel II y BSH Electrodomésticos España refleja que, frente al lavado tradicional a mano, con el uso del lavavajillas los platos quedan más limpios, se ahorran 30 litros al día y se consume un 10% menos de energía.
Eso sí, han de ser aparatos eficientes de bajo consumo (en el momento de adquirirlos, hay que fijarse en su etiquetado energético), que permitan elegir la temperatura del agua y reutilicen el calor para el posterior aclarado o secado. Con respecto a otro no eficiente, elegir un electrodoméstico eficiente representa un ahorro, durante su vida útil, superior a un 70% del consumo energético.
Según un estudio de la Universidad de Bonn, la cantidad de agua que consume un lavavajillas clase “A” es de unos 15 litros por lavado, frente a los 119 litros del lavado a mano para la misma cantidad de vajilla. En uno biotérmico, que dispone de una entrada de agua caliente, el consumo se reduce al calentar el agua con gas o mediante energía solar, no con electricidad. Los expertos recomiendan utilizarlo cuando esté lleno, elegir el programa adecuado y cargarlo por la noche, ya que el consumo de red es menor.
2. Apagar la calefacción consume más que mantener una temperatura constante: falso
En muchos hogares es habitual conservar una temperatura media durante las 24 horas, ya que se considera que apagar y encender la calefacción acarrea un mayor consumo de energía y, por ende, de gasto. Aunque es preciso un pico de calor para alcanzar de nuevo la temperatura deseada, el saldo final de energía consumida es ventajoso.
Según un estudio de la Oficina Verde de la Universidad de Zaragoza, si se limita la temperatura a 16ºC entre las diez de la noche y las seis de la mañana, se puede recortar en torno a un 13% el consumo anual de combustible, con respecto a lo que ocurriría si se mantiene una temperatura constante de 20ºC. Con el apagado el ahorro es aún mayor. La nueva reglamentación en España aconseja regular los termostatos a 20ºC en invierno y es que 1ºC más de temperatura puede suponer un 7% más de consumo.
3. El modo espera (standby) apenas consume energía: falso
Dejar los aparatos eléctricos apagados en modo espera supone un gasto de 231 kWh al año, casi lo mismo que el consumo medio anual del lavavajillas (246 kWh) y mucho más que el del ordenador (172 kWh), según datos del último estudio del IDAE en colaboración con Eurostat.
Esto supone el 2,2% del gasto medio de energía de las casas, lo mismo que el consumo medio del horno (231 kWh) y mucho más que el del ordenador (172 kWh) o el resto de electrodomésticos (76 kWh). El standby representa cerca del 5% del consumo de los hogares.
4. Por su escasa superficie, la pérdida de calor por las ventanas es residual: falso
Se esgrime que al ser una superficie muy reducida con respecto a la superficie total de la vivienda, esa pérdida no es muy importante. Los estudios de diversos expertos reflejan que entre el 25% y el 30% de la calefacción gastada en los hogares se destina a cubrir las pérdidas de calor que se originan en las ventanas.
Según un informe de la Universidad de Zaragoza, los sistemas de doble cristal o de doble ventana pueden reducir hasta en un 50% la pérdida de calor con respecto a los cristales sencillos.
5. Mantener los fluorescentes encendidos gasta menos que si se encienden y apagan cada vez: falso
Otra falsa idea muy extendida entre los hogares es que el gasto de energía al dejar los tubos fluorescentes encendidos es menor que si se apagan y encienden cada vez. De manera errónea, se sustenta en una explicación similar a la de la calefacción.
En cambio, los estudios han demostrado que pese a que al encender un tubo fluorescente se precisa un sobreconsumo de corriente eléctrica, este apenas dura una fracción de segundo. En iluminación incandescente, el tiempo máximo de ausencia que no compensaría el apagado y encendido posterior se reduce a tan solo 0,3 segundos.
De ahí que el gasto sea mucho mayor si se deja siempre encendido. Ahora bien, la vida del fluorescente puede acortarse si se apaga y se enciende en repetidas ocasiones. No así las lámparas de Led, que permiten los encendidos y apagados sin avería. Las bombillas de bajo consumo suponen un ahorro energético. Su precio es superior al de las tradicionales, pero su vida útil supera los cinco años y consumen un 80% menos.
6. La cocina eléctrica gasta menos que la de gas: falso
Los expertos aseguran que las cocinas eléctricas o vitrocerámicas consumen cuatro veces más que las de gas. El IDAE recomienda, en caso de disponer de una cocina eléctrica, utilizar baterías de cocina, sartenes y cazos con fondo grueso difusor. Así se logra una temperatura más homogénea en todo el recipiente.