Responder a la amargura con comprensión

Llegas a tu nuevo puesto de trabajo, nueva, pero no tan nueva. Tu experiencia te acompaña, tu carácter y tu buen hacer están ahí contigo. Eres una persona que disfruta del trabajo en equipo, a la que le gusta acompañar y ser acompañada. Pero al llegar a ese nuevo sitio te topas con un muro, con la independencia, con el carácter personificado y la rigidez. Tu recibimiento no es bueno, y con el paso de los días la situación no mejora. Te das cuenta de que la nueva persona que está a tu lado debe tener una vida muy vacía, muy triste y, hasta me atrevería a decir que, solitaria. Te propones llegar a esa persona, alcanzar una convivencia sana, un respeto mutuo y un agradable clima laboral. Te dan un palo. Otro palo. En poco tiempo lo ves difícil, muy difícil. Te das cuenta de que va a ser un camino largo y duro, pero te propones no rendirte, y sabes en el fondo que de una forma o de otra, lo acabarás logrando.

Te sientes sola, muy sola, pero frente a tal ramarguraechazo, malas palabras o incluso el vacío decides que la mejor opción va a ser mantener la serenidad y la comprensión. En el fondo comienzas a sentir pena por esa persona, debe ser muy duro vivir tan amargada, y dedicar tu vida a amargar la de los demás. ¿Qué problemas habrá detrás? Muchos, no tengo duda. Pero qué satisfacción puedes obtener de causar el sufrimiento ajeno? ¿No sentirte tan solo en tu oscuro mundo? No tengo estas respuestas, no soy así. No lo puedo entender ni compartir. Sólo sé que una personas que vive así las 24h tiene que ocultar unos problemas vitales serios, y a mi me tocará aprender a convivir con ellos, tratar de mostrar mi lado más humano y comprensivo en los peores momentos e intentar con todas mis fuerzas no perder la sonrisa ni la paciencia. ¡Respeto! ¡Comprensión! ¡Convivencia! ¿Soy yo o son palabras muy bonitas, y que no deberían ser tan complicadas de conseguir?

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Educación: Nuestra Re-Evolución

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Cuando trabajas a diario con menores y sus familiares más cercanos (padres, madres, abuelos y abuelas, tíos y tías…) te das cuenta de dónde surgen muchos de los actuales problemas de la sociedad, y temes por los que a consecuencia de una mala educación pueden aparecer en un futuro.

Muchas personas no se dan cuenta de que la educación puede ser el principio de una re-evolución social profunda, de que es precisamente por donde debemos empezar si queremos cambiar el mundo… De que debe de haber una unión entre los agentes educativos formales e informales, una distribución equitativa de los cuidados, y una implicación personal por parte de todas las personas que trabajamos directa o indirectamente con infancia, o que simplemente convivimos con ella.

Es importante tomar conciencia de que las personas adultas nos convertimos en modelos a seguir o que pueden influenciar en futuros comportamientos de los menores del entorno. La manera de actuar ante diferentes situaciones de la vida diaria, influye y mucho. Y más teniendo en cuenta que la principal vía de aprendizaje es la observación.

Últimamente me ha tocado pasar bastante tiempo con preadolescentes, y es ahí donde te das cuenta de muchos de los errores que se están cometiendo educativamente hablando. ¿es normal que una familia de cuatro miembros con el padre y madre en el paro le regalen a una niña de 8 años (sí, de 8 años…), tres móviles diferentes en cuestión de meses y todos del último modelo del mercado? ¿Qué tipo de valores estamos transmitiendo con esto? Que lo más importante es lo material, que el cariño se expresa así, que estás por encima de las demás personas, que las cosas no hay que ganárselas? Y no solo me preocupa esa niña, que actualmente cumple 12 años y por supuesto por su cumpleaños tendrá el último modelo de iPhone, me preocupa que las familias de los y las menores del entorno no sean capaces de hacer ver que eso no es lo adecuado, que realmente lleguen a creer que eso es lo que necesitan y que acaben sintiendo un vacío por no tenerlo.

Dicho esto, creo que todas las personas que estamos en el entorno debemos preocuparnos de hacer pensar, reflexionar, y crear una visión crítica en esas “pequeñas esponjas” que se pueden acabar convirtiendo en el agente social de cambio imprescindible para crear un mundo mejor donde los principales valores sean el amor, la solidaridad, el compañerismo… Y no la envidia, la competitividad y el individualismo.

Cada una de nosotras y cada uno de nosotros, debemos responsabilizarnos de nuestro papel educativo y de cómo afectan nuestros comportamientos en el entorno. ¡Creemos una re-evolución con educación!