Responder a la amargura con comprensión

Llegas a tu nuevo puesto de trabajo, nueva, pero no tan nueva. Tu experiencia te acompaña, tu carácter y tu buen hacer están ahí contigo. Eres una persona que disfruta del trabajo en equipo, a la que le gusta acompañar y ser acompañada. Pero al llegar a ese nuevo sitio te topas con un muro, con la independencia, con el carácter personificado y la rigidez. Tu recibimiento no es bueno, y con el paso de los días la situación no mejora. Te das cuenta de que la nueva persona que está a tu lado debe tener una vida muy vacía, muy triste y, hasta me atrevería a decir que, solitaria. Te propones llegar a esa persona, alcanzar una convivencia sana, un respeto mutuo y un agradable clima laboral. Te dan un palo. Otro palo. En poco tiempo lo ves difícil, muy difícil. Te das cuenta de que va a ser un camino largo y duro, pero te propones no rendirte, y sabes en el fondo que de una forma o de otra, lo acabarás logrando.

Te sientes sola, muy sola, pero frente a tal ramarguraechazo, malas palabras o incluso el vacío decides que la mejor opción va a ser mantener la serenidad y la comprensión. En el fondo comienzas a sentir pena por esa persona, debe ser muy duro vivir tan amargada, y dedicar tu vida a amargar la de los demás. ¿Qué problemas habrá detrás? Muchos, no tengo duda. Pero qué satisfacción puedes obtener de causar el sufrimiento ajeno? ¿No sentirte tan solo en tu oscuro mundo? No tengo estas respuestas, no soy así. No lo puedo entender ni compartir. Sólo sé que una personas que vive así las 24h tiene que ocultar unos problemas vitales serios, y a mi me tocará aprender a convivir con ellos, tratar de mostrar mi lado más humano y comprensivo en los peores momentos e intentar con todas mis fuerzas no perder la sonrisa ni la paciencia. ¡Respeto! ¡Comprensión! ¡Convivencia! ¿Soy yo o son palabras muy bonitas, y que no deberían ser tan complicadas de conseguir?

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Motivación, energía y éxito

De cómo conseguir lo que nos proponemos…

Motívate

Importante para empezar, planteate qué quieres en tu vida (trata de ponerte objetivos realistas y alcanzables). Si tu objetivo es una meta a largo plazo, divídelo en pequeños logros. Márcate objetivos a corto plazo, y cada vez que alcances uno, ¡prémiate! Piensa en esas pequeñas cosas en la vida que te dan placer y te proporcionan felicidad aunque sea por un instante… Valora estas cosas que hacen que la vida valga la pena: Un abrazo, una sonrisa, un antojo, el descanso y la relajación… Mímate! Y después, a por el siguiente pequeño objetivo.

La motivación es esa energía que sale de nuestras entrañas, que nos da fuerza para seguir y para continuar peleando por nuestros objetivos y nuestras metas. Para mantener esta motivación, a parte de premiarse (algo básico desde mi punto de vista), es muy importante mantener esa energía positiva y rodearnos a la vez de personas que la tengan y nos la contagien. Con fuerza, energía y apoyo mutuo, se recorre mejor el camino hacia el éxito.

Y sobre todo, nunca dejes que nadie te diga que no vales. Toma las riendas de tu vida y si luchas, si estas motivado y persigues unos objetivos claros, sin duda antes o después lo conseguirás. No tengas prisa por alcanzar los objetivos, esto es una carrera de fondo, y siempre que desees de verdad alcanzar una meta, lo conseguirás!

Muchas veces nos sentimos frustrados, desmotivados, desganados… esto nos pasa porque perdemos de vista nuestros objetivos, o simplemente no tenemos claro lo que queremos en la vida. En ese momento, párate, reflexiona por un momento… ¿Qué necesitas para ser feliz? ¿Qué necesitas realmente para ser feliz? Verás como no necesitas tanto como crees y en ese momento, tomas las decisiones de forma mucho más clara y luchas por tus metas con más ganas, optimismo, fuerza y energía. Y no lo dudes, la energía, positiva o negativa, se contagia. ¡Hagamos por contagiarnos y llenarnos todxs de energía positiva!

Y por último:

No duermas para descansar, duerme para soñar. Porque los sueños están para cumplirse.” (Walt Disney)