Inutilidad funcional

El otro día, como tantos me paré a pensar en qué tipo de vida llevamos hoy en día. En qué cosas son las que nos hacen pasar el tiempo; y he llegado a la conclusión de que cuanto más tiempo pasa, más inútiles nos volvemos.

Estamos llegando a un punto en la gente sobre todo de mi generación, y peor aun, las generaciones venideras, somos unos auténticos “inútiles funcionales”.

¿A qué me refiero? Pues parémonos un momento a pensar en cómo es nuestra vida, día a día y en qué tenemos alrededor, y como hacemos uso de ello. Vivimos pegados a la tecnología, si no es por una cosa es por otra; mezclamos el trabajo, con el ocio y con el placer, y lo peor es que si nos quitan la tecnología de golpe, parece que ya no sabemos disfrutar de las cosas.

El otro día me planteaba, ¿cómo sería mi vida en la actualidad sin tanto aparato alrededor? Porque si no es una tele, es un ordenador (por supuesto conectado a internet), o una consola o un teléfono móvil. Imaginaros por un momento que os quitan todo esto… Mi reflexión comenzó pensando en el uso del telefonillo, sí, del portero automático. ¿Hace cuánto que no os timbra algún amigo en el portero automático de manera inesperada? ¿Dónde se han quedado esas relaciones en nuestra vida diaria?

A día de hoy, a mí si me suena el portero, ya nunca pienso que sea por mi… Pienso que vienen a arreglar el ascensor, a meter publicidad en el buzón o a intentar venderme algo. ¿Cómo hemos llegado a este punto? Pues creo que en gran parte por culpa de la tecnología (o del mal uso que hacemos de ella).

Volvamos al tema de la “inutilidad funcional”. ¿Qué pasa si no te funciona el teléfono de casa, si no te va internet o si el móvil se te ha quedado sin batería? Pues que ya no sabes qué hacer. ¿Dónde ha quedado el simplemente quedar con un amigo en un sitio a una hora, y aparecer? O la improvisación de aparecer en casa de alguien porque pasabas por allí… Parece que ahora tenemos que calcular hasta el último minuto, vivimos contrarreloj, y el simple hecho de aparecer es un riesgo que no estamos dispuestos a correr. ¡Pero si después desperdiciamos horas en las redes sociales, por ejemplo! ¿Qué nos ha hecho cambiar de esta manera? Y peor aun, ¿qué ha hecho que al final estemos deseosos de irnos al medio del monte y deshacernos de todo esto que nos tiene “atados”? Recordemos por un momento que la tecnología nunca podrá sustituir cosas imprescindibles de la vida que solo podemos darnos las personas, como un abrazo en ese momento que tanto lo necesitas, unas palabras de apoyo o una simple sonrisa.

¿Por qué no tomamos las riendas de nuestras vidas, y vivimos como realmente queremos vivir sin permitir que nos manipulen y generen en nosotros nuevas necesidades que antes no teníamos? ¡Recuperemos el contacto, la relación y el vínculo entre las personas y dejémonos de tanto materialismo tecnológico!

(Este vídeo del genial Quino, me lo han enviado hoy casualmente, y creo que refleja muy bien parte de lo que hablo en el artículo)

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